El Abecedario de Gilles Deleuzecon Claire Parnet · 1988–1989

V de Viaje

Letra V de El Abecedario de Gilles Deleuze, entrevista con Claire Parnet dirigida por Pierre-André Boutang (1988–1989). Duración: 7 min. Vídeo con subtítulos en francés, inglés y español y la transcripción completa.

Transcripción

Claire Parnet-Pasemos directamente a «V», y «V» son los «Viajes». Y esto es la demostración de que un concepto es una paradoja, porque tú has inventado una noción, un concepto, podemos decirlo, que es el nomadismo, mientras que tú odias los viajes. Podemos hacer esa revelación, a estas alturas de la conversación: tú odias los viajes. Primero, ¿por qué odias los viajes?

No odio los viajes, odio las condiciones, para un pobre intelectual, en la que se viaja Tal vez si viajara de otro modo, adoraría los viajes, pero para los intelectuales... ¿qué quiere decir viajar? Quiere decir ir a una conferencia al otro extremo del mundo si es preciso, y con todo lo que ello acarrea antes y después: hablar antes con gente que te recibe amablemente, hablar después con gente que te ha escuchado amablemente – hablar, hablar, hablar... En fin, el viaje de un intelectual es lo contrario de un viaje. Ir al otro extremo del mundo para hablar, algo que podría hacer en su casa, y para ver a gente antes para hablar, y ver a gente después para hablar. Es un viaje monstruoso. Entonces, dicho esto, lo cierto es que no tengo ninguna simpatía por los viajes, pero... no lo considero un principio, no pretendo tener razón, Dios me libre, pero... Para mí, si quieres, yo pienso: ¿qué hay en el viaje? Por una parte, tiene siempre un aspecto de falsa ruptura. Diría que éste es el primer aspecto. En mi caso, respondo únicamente por mí, ¿qué hace que el viaje me resulte antipático? Primera razón: se trata de una ruptura barata... y, en fin, a mí me pasa enteramente lo que decía Fitzgerald: «No basta un viaje para hacer una verdadera ruptura». Si quieres hacer una ruptura, haz otra cosa en vez de viajar, porque, al fin y al cabo, ¿qué ve uno? La gente que viaja, viaja mucho, y luego – sintiéndose incluso orgullosos de ello– dicen que es para encontrar a un padre. Hay grandes reporteros, hacen libros sobre ello, han estado en todas partes, en Vietnam, en Afganistán, donde quieras, y dicen fríamente: resulta que siempre estuvieron en busca de un padre. El viaje no vale la pena, y a fin de cuentas me parece muy edípico en este sentido. Entonces, pienso: «No, así no puede ser». La segunda razón es –me parece que hay una... me impresiona mucho una frase admirable, como siempre, de Beckett, que hace pronunciar a uno de sus personajes (más o menos, cito mal, lo dice mucho mejor que yo): «Después de todo uno es gilipollas, pero no tanto como para viajar por placer». Pues bien, esta frase me parece plenamente satisfactoria... Yo soy gilipollas, pero no tanto como para viajar por placer –eso no, faltaría más. Y bueno, queda un tercer aspecto del viaje. Yo pienso –tú me llamas nómada: sí, siempre me han fascinado los nómadas, pero precisamente porque los nómadas son gente que no viaja. Los que viajan son los emigrantes; puede haber gente enormemente respetable que se ven obligadas a viajar: los exiliados, los emigrantes –se trata de un tipo de viaje que no tiene nada de gracioso, porque son viajes sagrados, viajes forzados, viajes... muy bien. Pero los nómadas viajan poco, vaya. Por el contrario, los nómadas permanecen literalmente inmóviles, es decir, todos los especialistas en los nómadas lo dicen: no lo hacen porque no quieren irse, porque se aferran a la tierra, se aferran a su tierra. Su tierra se convierte en un desierto pero ellos se aferran a ella, de tal suerte que no pueden más que nomadizar en su tierra: nomadizan a fuerza de querer quedarse en un tierra. Así, pues, en cierto sentido podemos decir: nada es más inmóvil que un nómada, nadie viaja menos que un nómada... son nómadas porque no quieren irse. Así, pues... por esa razón están tan absolutamente perseguidos. Y por último, prácticamente el último aspecto del viaje que hace que me resulta muy... a este respecto hay una frase muy hermosa de Proust que dice: «Al fin y al cabo, ¿qué hacemos cuando viajamos? Siempre verificamos algo. Verificamos que tal color que hemos soñado se encuentra allí en efecto». Y a esto añade, lo que es muy importante: «Un mal soñador es alguien que no va a comprobar si el color que ha soñado está allí de veras, pero un buen soñador sabe que hay que ir a verificar si el color está allí de veras». Y ésta, pienso, es una buena concepción del viaje, pero... si no... -¿Te parece que es una fantástica regresión? No, al mismo tiempo, hay viajes que son verdaderas rupturas; por ejemplo... la vida de Le Clézio, actualmente, me parece algo en lo que él lleva a cabo sin duda una ruptura... -¿Lawrence? Lawrence... Lawrence es... sí. Lawrence, sí –hay grandes escritores por los que siento una gran admiración, y que tienen un sentido del viaje... Stevenson, pienso en los viajes de Stevenson –pero con esto no digo nada, lo que digo no tiene ninguna generalidad. Pienso: en lo que me concierne, alguien al que no les gustan los viajes debe tener esas cuatro razones.

Claire Parnet-¿Y tu odio de los viajes está vinculado a tu lentitud natural?

No, porque uno concibe viajes muy lentos. Sí, en todo caso, no tengo necesidad de moverme. Yo... todas las intensidades que tengo son intensidades inmóviles, sabes: las intensidades se distribuyen en el espacio o bien en otros sistemas, pero no necesariamente en el espacio exterior. Yo te aseguro que cuando leo un libro que admiro, que encuentro hermoso, o cuando escucho una música que encuentro hermosa, la verdad, tengo entonces la impresión a atravesar tales estados que nunca me ha proporcionado un viaje... semejantes emociones. Así que, para qué ir a buscar esas emociones, que no me convienen mucho, mientras que están a mi alcance, con mayor hermosura, en sistemas inmóviles, como la música o la filosofía. Con ello quiero decir que hay una geomúsica, hay una geofilosofía, son países profundos. Y además son mis países, sí. -¿Las tierras extranjeras? Son mis propias tierras extranjeras, que yo no encuentro en los viajes, no, no.

Claire ParnetBueno, tú eres la ilustración perfecta de que el movimiento no reside en el desplazamiento, pero después de todo has viajado un poco: has estado en Líbano, porque has dado conferencias, en Cánada, en Estados Unidos...

Sí, claro que sí, lo he hecho, pero debo decir que siempre iba arrastrado. Ahora ya no lo hago, porque... pero jamás debería haberlo hecho. Hice demasiados. Y además a mí me gustaba andar en aquella época, pero ahora me cuesta más andar, así que ya ni siquiera me lo planteo. Me gustaba mucho andar, sí: recuerdo que me recorrí Beirut a pie de sol a sol, sin saber adónde iba; me gustaba mucho recorrer una ciudad a pie, pero todo eso se acabó.